Me han dicho que soy fascinante por describir lo que es querer a alguien de una manera tan parecida a sus realidades, pero no compensa el precio a pagar por esa sabiduría (por llamarlo de alguna manera). Las lágrimas amargas con sabor a vinagre no consiguen vencer a la emoción y la esperanza; las lecciones aprendidas son solo una consecuencia de haber actuado de una forma tan infantil e inmadura, ilusión a flor de piel, dolor sin sabor a miel.
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