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viernes, 4 de noviembre de 2016

No te conozco, pero hemos tenido relaciones muy estrechas, casi sin espacio diría yo. Muy físico, muy animal, muy natural; un momento de locura, pero da igual. La cuestión es que más allá de un día y una noche y aparte un fin de semana, no te conozco, tenemos la confianza de dos extraños que se sienten cómodos, con labia, con gracia, toda la confianza que se puede tener cuando yo he sido yo y tú has sido tú durante aquel día y aquella noche y luego ese fin de semana. Sin embargo, tengo esa increíble sensación de las cosas que se saben sin saberse que tú y yo podríamos habernos llevado muy bien, podríamos haber sido esa clase de amigos que se entienden, y lo creo porque aún sin conocerte se mucho de ti, igual que tú de mí. 
No te conozco más allá, pero sé que me gustaría conocerte como la confianza deja, saber de ti y saber por qué, porque sé que podría entenderte realmente bien.
No te conozco, pero aún sin conocerte no somos extraños, y la cercanía nos sentaría muy bien.

viernes, 15 de julio de 2016

«Tú antes escribías poesía, y si antes escribías poesía era porque antes eras algo más parecido a poesía»
Poesía es ser en esencia, sin senescencia (ya escrito), es ser y aceptar lo que es ser, la forma en que se es y conocer el límite entre ser poesía y no ser poesía.
Las dos caras del gusto son las dos caras del papel y de la cinta, las subidas y las bajadas, y a ver cómo descifras la poesía cuando solo quede prosa.
Mira, no es tan complicado, los humanos somos grises, y en escalas de grises tendemos hacia el blanco y hacia el negro; yo no iba a ser menos, y como tal tengo el blanco y tengo el negro, todo escondido en el puño. Pero jugando a hacer poesía se me olvida qué es serlo, y al final acabó con las manos cerradas y los ojos más aún, sin saber que encontraré cuando abra las palmas y extienda los dedos.

Bajo control

El día que me vaya, espero que ninguno de todos vosotros se arrepienta de nada. 
He pensado esto tantas veces que ya no estoy segura de que alguien lo haya escuchado, porque tengo que aceptar que a veces lo pienso tan fuerte que lo grito.
El día que me vaya, espero que tú tengas claro que te he admirado de forma plena durante muchos años de mi vida, y que, aunque nunca he dejado de hacerlo, tengo que decir que cada vez lo hago en menos medida; conforma ha ido pasando el tiempo, partes de mi admiración han pasado de lamentarse por el temor de no ser nunca como tú a la tranquilidad de saber que nunca seré como tú. Cuando me eches de menos espero que entiendas que el control que crees tener sobre mí no es más que un fantasma y que tu obsesión por el orden no puede atravesar mi piel. 
Cuando no esté, espero que tú, y precisamente tú, seas quien más me eche de menos porque te he decepcionado tantas veces que el orgullo académico no va a ser nunca suficiente. Sé que te gustaría que fuera de mil otras formas (fíjate lo que te digo, no de otra forma, sino de mil otras), muchos menos y mucho más de todo, pero no puedo remediarlo. Espero que algún día entiendas que todas tus opiniones sobre mí son erróneas en prácticamente todas sus dimensiones: no me guían las pasiones que crees que lo hacen, no me gustan las cosas que crees que me gustan y soy capaz de hacer muchas menos cosas (y muy diferentes) a las que piensas; mi vida no es esa espiral que crees, pero no por eso es una línea bidemensional.
Cuando esté lejos, espero que tú, que has sido siempre, desde que mis recuerdos son nítidos, la persona que más he querido, entiendas un poco más las cosas. Me gustaría que valoraras ciertas cosas y, más que nada, que reestructuraras tu pirámide de valores, de orden y prioridades. Ojalá que algún día estés en mi piel y te veas sometido, y te aplasten y sientas la impotencia de que siempre te manden callar, y entonces entiendas que mi actitud no solo se debe a mis cojones. También espero que todo eso no te haga pensar que la mejor opción es, entonces, callarte y agachar la cabeza: lucha, siempre, sin importar el contexto.
Tú sobrevivirás bien, porque sé que te mantendrás. Pero espero que llegues a entender el verdadero enfoque de todos los problemas que te he contado y solo entonces imagines todo lo que no te he contado y por qué nunca lo he hecho (o nunca lo haré). No sé, tú no tienes la culpa pero eres parte de mi epicentro, y contra eso no hay remedio alguno que puedas poner, solo soy yo la que puede hacer que el terremoto se mantenga a raya.
Cuando no esté, espero que tú no me eches de menos más allá de lo poco dilatado que es el tiempo, pero espero que un día antes de dormir entiendas que no somos iguales, que no puedes compararnos y mucho menos equipararnos, y me da igual que eso me deje a mí por debajo; solo quiero que entiendas de una vez por todas que la sal y la pimienta, por muy complementarias que puedan llegar a ser entre sí y puedan hasta confundirse, no son lo mismo, y no puedes esperar que la sal sea picante (por mucho que pueda parecerlo si se abusa), ni que la pimienta sea salada, por mucho que abuses. Ya ves,con las personas es igual, y aunque ahora mantengas el cerebro en ese punto y te parezca inamovible, espero que con el tiempo aprendas a ver los infinitos círculos concéntricos que existen.

Hemos vuelto a las andadas, hemos vuelto a ver el sol

Según la teoría heliocéntrica, aceptada en un convenio de cerebros superiores como cese de las discusiones de si el ombligo del cuerpo se corresponde con el del mundo, que el sol es estrella única y multigravitacional capaz de atraer hacia sí cuerpos enormes con capacidad propia de movimiento, los cuales a su vez ejercen fuerzas atractivas sobre sus propios astros; en este punto entran en juego la Tierra y la luna. La Tierra, antivoluntariosa pero dinámica, gira en torno al sol sin otra opción que la de salir disparada de órbita, y lo mismo le ocurre a la luna, subordinada por su tamaño a la Tierra y al sol. Pero, ¿qué pasaría si la luna no hubiera elegido ser así de pequeña? ¿y si escapara de su mano es no emitir luz como el sol? ¿quién iba entonces a explicarle a la luna que en torno a ella no giran otros planetas, ni siquiera otros astros?
Los caminos al sol son suaves, calientes hasta la llama, y valientes quienes corren.  Pero cuando el sol se pone en un hemisferio terrestre y el otro se ve obligado a conformarse con la luna, la tierra huye del rechazo y admira otras pequeñas estrellas y su brillo (y su rollo) y entonces aumenta aún más la veneración que siente al sol y sigue girando, convirtiendo su destino en un infierno placentero, un castigo meno a severo. 
"Qué trágico es vivir a tu sombra"

sábado, 7 de mayo de 2016

Llevo ya un tiempo pensando, en que quizá te deba el contarte esto. Sea como sea, los dos sabemos que nunca iría a hablar contigo y charlar, por lo que esta es la justicia menos poética pero más justa de todas las que se me ocurren.
Llevo un tiempo acordándome de ti; no me preguntes por qué pero te veo en gestos de la gente. La semana pasada sin ir más lejos había un chico que se movía exactamente como tú cuando estabas de pie maquinando dios sabe qué, y cuando lo vi de perfil desee no tener que saludarte ante la certeza (casi inminente) de que eras tú. Sin embargo no eras tú.
A veces me acuerdo de sitios en los que estuvimos, paso por ellos y nos veo como fantasmas, como imágenes casi palpables de cuando nos gustaba estar juntos. 
Y te recuerdo con algún tipo de nostalgia; no te echo de menos ni echo en falta nada de lo que era mi vida contigo, pero después de tanto tiempo y tantos sentimientos más allá de ti y tu rencor y tu venganza y tus cuchillos, aún conservo buenos recuerdos contigo. Esto no es ningún tipo de disculpa o excusa, ni siquiera quiero volver a verte o poder hablar contigo, esto es simplemente una esquina de la bandera blanca que saqué (y luego rompí) en señal de agradecimiento por esa milésima parte que no fue tan mala.,

lunes, 2 de mayo de 2016

Lo más obvio que he heredado de ti es el carácter, la tozudez y esa manera de no querer dar mi brazo a torcer (curioso que en puntos de vista demasiado opuestos). De ti he sacado la rabia, la fuerza contenida en las palabras, la desmesura del no pensar y dejarse llevar al hablar, el sentimiento de culpa en el silencio y el orgullo demasiado alto para aceptarlo o pedir perdón y aceptarlo. 
De ti he heredado los gestos; y no sólo literalmente -he heredado cada arruga de tu cara habida y por haber-, sino también metafóricamente. He heredado tu ironía cortante, tus cuchillos lanzados a doble filo y todas las maneras que delatan lo que pienso como si mi cara fuera un libro abierto.
He heredado el carácter, el descontrol.
Pero también la fuerza que desprendes cada vez que hablas, el poder de convicción que tienes y esa forma de hacer que cualquier problema tenga otro punto de vista. De ti he sacado esa fuerza que pensaba que sólo tú tenías cuando te veo llegar por las noches con los ojos medio cerrados y de repente te veo renacer para ayudarme cuando me ves agobiada. Esa fuerza para seguir cuando no puedes más, para enfrentarte a la vida y poder, y sacar siempre energía de los momentos que dejarían exhausto a cualquiera. Me has enseñado a tenerla, a mirar hacia arriba cuando estoy tan ahobiada que sólo sé llorar, a mirar con los ojos bien abiertos, a cerrarlos y a decirme a mí misma que yo puedo, y poder. De ti he sacado el coraje para defender mis opiniones, el poco control para no saber agachar la cabeza ante lo que no veo justo y la educación para hacerlo bien. He heredado las ganas de saber, y sobre todo he aprendido a tener paciencia.
Gracias por ser siempre mi mayor fan, por creer en mí aún cuando solo soy polvo y cenizas, por ver ese fuego que puedo llegar a crear. Me has enseñado a no conformarme, me has dejado ser libre e independiente, equivocarme cuando estaba segura de que tenía la razón.  En mi está el resultado de una vida llena de porqués sin respuesta pero con un constante ánimo a encontrarla, con una esperanza plena para buscarla. 
Gracias por lo bueno, gracias por lo malo, gracias por todos los días y todas las noches, por la paciencia que has tenido y la que aún te queda por tener.

lunes, 11 de abril de 2016

No me atrevo a decírtelo, pero me haces falta. No sé si normalmente me entiendes cuando hablo, cuando a expensas de las consecuencias intento decir todo lo que pienso, pero sé que sabes que escondo mucho, que a pesar de las barreras que ya hemos tirado hay muros que son enormes, infranqueables. 
A veces necesito que me ayudes, que me digas esa verdad que sé que está ahí, latente, siempre invisible, porque a veces me muerdo la lengua por no gritarte en la cara que la sinceridad no es ningún pecado para el alma. Una muestra, una ráfaga, una grieta, algo, rómpete un poco y enséñame la incandescencia. 

martes, 5 de abril de 2016

A esto no se le puede llamar transparencia. Nos une tanto que no nos une nada en la intimidad. 
El punto en el que el temor a quejarse prevalece por no parecer victimista no es una buena señal, y es peor aún si tienes en cuenta que a cada problema ni si quiera se le intenta poner solución.
Qué cojones nos ha pasado.

sábado, 2 de abril de 2016

"Me gustas con los ojos cerrados"

Y no es que no me gustes por fuera o que tu aspecto no encaje con la belleza -sweet-, lo que ocurre aquí es que la expresión "me gustas" encierra cánones y sentimientos que me provoca tu interior.
Intentaré explicarme mejor.
Me haces fuerte; cada momento que archive para el recuerdo contigo en mi baúl enriquece la fortuna que significa la pureza, las ruinas de mi pecho consumido son un poco menos negras cada vez. Me gusta tu forma de ser, y me gusta más cuando se junta conmigo porque me hace sentir segura, ¿dónde están los monstruos ahora? Cada tontería y cada gesto provoca que te elija s ti, a ti, a ti; que me haces brillar. Brillar significa destacar (como cuando te ríes muy alto y todo el mundo te mira, a mí me vale). 
Por cada cosa y niñez me gustas, pero no me gustas de esa forma física y pasional en la que se gusta la gente; me gustas en el mero sentido de la palabra, en el de "atracción más allá de". Me atrae tu forma de ser, pero no de esa forma en la que se atraen los amantes que se completan, sino como lo hacen los hermanos; hay vínculos que no se pueden clasificar. Me gusta decir que me gustas y confundir al mundo, porque tú no me gustas -sweet-, y sin embargo me gustas. 
Que ridiculos suenan los que se empeñan en extrapolar el sentimiento: si la pasión va de la mano de la piel y no hay pasión, entonces queda lo real y no lo efímero, que es lo de debajo de debajo de debajo de la epidermis. Y ahí es donde estás tú.

viernes, 25 de marzo de 2016

Acción poética en prosa

Es una verdadera pena que tú no sepas como hacerlo, y es una verdadera ironía -de las de diccionario además- que gracias a eso yo sepa perfectamente cómo hacerlo y, más importante aún, cómo no hacerlo.
Gracias por tanto y por nada.